Zumaia, legado de la Tierra

Puerto de Zumaia

Quién no imaginó casarse en una iglesia, en lo alto del monte, con vistas al mar, como casi hacen los protagonistas de Ocho apellidos vascos. Aunque las posibilidades de lograrlo sean remotas, lo que sí se puede conseguir es disfrutar de las mismas vistas que tuvieron Rafa (Dani Rovira) y Amaia (Clara Lago). Para ello solo hay que viajar hasta Zumaia, un pequeño municipio de la costa vasca, a poco más de 30 kilómetros de San Sebastián.  

Llegando desde lazumaia2 capital guipuzcoana, una de las primeras vistas que obtienes de este municipio es su puerto deportivo, cargado de barcos de todas clases y rodeado por un tranquilo paseo desde el que disfrutar del olor a mar. Si el viaje es en pleno verano, quizá la mejor época por la ausencia de las habituales lluvias del norte, la brisa marina que corre en esta zona se agradece en las horas más calurosas del días. Aunque se puede circular por coche por Zumaia, quizá este es el mejor lugar para aparcarlo y recorrer el pueblo a pie. Como ocurre en la mayoría de las ciudades españolas, aparcar no es gratis. A pocos minutos encontraremos la oficina de turismo, visita obligada de todo viaje que se precie (sobre todo si no se ha hecho una planificación previa a conciencia). Allí te informarán de los principales monumentos de la ciudad y también te hablarán de las visitas guiadas, una buena opción si tu plan es pasar el día entero en la localidad.

Parroquia de San PedroSi el tiempo apremia, lo ideal, como en todos estos pequeños municipios, es perderse por sus callejones y contagiarse de su esencia. Así, caminando por las empinadas y estrechas calles del casco histórico, en las que los conductores solo pueden confiar en el buen hacer de sus homólogos para poder circular, se llega a la parroquia de San Pedro, una iglesia gótica del siglo XIII. También nos encontraremos con los palacios Zumaia y Ubillos y las casas Olazábal y Goikotorre. Para una visita más cultural, el municipio cuenta con el Espacio Cultural Ignacio Zuloaga (que analiza la obra del pintor contemporáneo) y el Museo del escultor Julio Beobide (con bocetos, herramientas y trabajos del artista nacido en Zumaia a finales del siglo XIX).

Tras este paseo, hay que seguir ascendiendo, hasta alcanzar la cinematográfica ermita de San Telmo y disfrutar de los flysch. Hay escaleras o cuestas, pero no hay forma de evitar una subida algo cansada para disfrutar de una buena panorámica. Una manera de descubrir con detalle qué son estas peculiares formaciones y conocer cómo se crearon es visitar previamente el Centro de Interpretación Algorri, junto al puerto deportivo. Tras un breve vídeo explicativo (en varios idiomas), los más pequeños (y también los mayores inquietos) podrán observar, tocar o escuchar las aves, los fósiles o las plantas que crecen en los acantilados.

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Flyschs de Zumaia.

Una vez en el propio paraje natural, queda tan solo observar los efectos que el tiempo y la naturaleza han dejado en la región. La vista es inmejorable desde lo alto del mirador, pero también se puede realizar una pequeña ruta a pie o, incluso, si el tiempo acompaña, bañarse en la playa de Itzurun recogida entre los flysch. La alta concentración de yodo de su arena y su agua la hace muy beneficiosa para la salud. Además, la localidad dispone de otra playa, la de Santiago, junto a las marismas que forma el río Urola en su desembocadura.

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