Chinchón, la ‘cueva’ de la capital

 

Plaza Mayor de Chinchón
Plaza Mayor de Chinchón

Si eres de Madrid, viajar a un pueblo situado a 45 kilómetros de la capital, te parecerá una excursión en balde, para la que no sacarás tiempo. Si eres de fuera y te acercas a la urbe, posiblemente ocuparás tantas horas en fotografiar la Puerta de Alcalá, pasear por el Retiro o ir de compras a la Gran Vía que no tendrás ni un minuto para escaparte por los alrededores. Sin embargo, Chinchón, al sureste de la región, tiene mucho que ofrecer.

Por su clima, no es adecuado viajar en verano, ya que los más de 40 grados al sol os impedirán recorrer sus calles empedradas. En invierno, el frío también es intenso, pero nada que un buen abrigo, unos guantes  y un gorro no puedan solucionar. De hecho, en Navidad, iluminan la ya de por sí preciosa Plaza Mayor, colocan un belén y un gran árbol de luces, y para los más pequeños, ofrecen breves paseos en burro. Una manera de que estos animales ya olvidados sigan siendo útiles y, sobre todo, conocidos por las nuevas generaciones.

Balcones de la Plaza Mayor
Plaza Mayor de Chinchón

La visita por Chinchón, incluyendo todos sus puntos más turísticos, no se prolonga más de tres o cuatro horas (a paso tranquilo, disfrutando de las vistas y quizá tomando un chocolate caliente o una caña). La Plaza Mayor, considerada una de las más bellas del mundo, es el centro de actividad: pastelerías, bares y restaurantes y, los domingos por la mañana, un pequeño mercadillo en el que los propietarios de los huertos de la zona venden sus cosechas. Las fachadas de las viviendas que conforman la plaza os fascinarán, con sus balcones de madera (denominados claros) pintados de verde, y tratareis de capturarlos desde todos los ángulos. Si os colocáis en el centro, rodeados de todos ellos, os parecerá estar en un gigante corral de comedias y es que de hecho esta plaza ha llegado a cumplir esta función durante su historia.

Mesón Cuevas del Vino
Mesón Cuevas del Vino

Si continuáis por la calle Grande, llegareis a la ermita de la Misericordia. Esta no es la única que podréis ver en el pueblo, pues también cuenta con la ermita de San Antón, la ermita de San Roque y la ermita de Nuestra Señora del Rosario. Siguiendo hasta la calle de Benito Hortelano, os encontrareis con uno de los restaurantes más peculiares de la zona, el Mesón Cuevas del Vino, abierto en 1964. Comer o cenar no es caro y también podéis optar por solo visitarlo y descubrir el proceso y los herramientas empleadas para la fabricación de esta bebida y del aceite, ya que ambos se fabricaban en esta casa con más de tres siglos de edad. En la zona más amplia del restaurante, la decoración consiste en gigantes tinajas que cubren las paredes en las que personalidades políticas, culturales o de otros ámbitos y españolas o extranjeras han dejado su rúbrica y un elogio a la experiencia que allí vivieron. Además del ya mencionado, también podéis optar por el Mesón Quiñones Cuevas del Murciélago

Torre del Reloj
Torre del Reloj

Ascendiendo por la calle de las Mulillas y recorriendo las empedradas callejuelas, llegáis a una de las zonas altas de Chinchón, en la que se encuentra la Torre del Reloj. Se trata de los únicos restos que quedan de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Gracia, derruida en la Guerra de la Independencia. Un dicho de la zona cuenta “Chinchón tiene una torre sin iglesia y una iglesia sin torre”.  También en la esta zona se encuentra el Teatro Lope de Vega, construido sobre las ruinas del antiguo palacio de los Condes, y que toma el nombre del dramaturgo porque éste firma en Chinchón la obra El Blasón de los Chaves de Villalba, mientras se alojaba en dicho palacio. Aunque no tengáis entrada para una de sus funciones, podéis entrar a visitarlo. Por último, también debéis acceder a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, pues en el altar mayor se encuentra la pintura que Goya realizó expresamente para cubrirlo, La Asunción de la Virgen.

Castillo de los Condes
Castillo de los Condes

Desde esta zona, la panorámica de Chinchón es inmejorable, sobre todo si subís al atardecer. Podréis ver los recovecos que esconden sus callejones, los patios de las antiguas casas de piedra, la plaza y, en el otro extremo, las ruinas del castillo de los Condes. Estas también se pueden visitar. Partiendo de la plaza, por la calle del Convento (a la derecha dejaréis el actual parador de Chinchón (antiguo monasterio de los Agustinos), una subida no muy larga te deja en la zona. También se obtiene una preciosa vista del pueblo, pero más del campo que lo rodea. El castillo, construido en el siglo XV y cuyo último uso fue el de fábrica de licores, no está demasiado bien conservado y no se puede acceder a su interior, pero merece la pena darse un paseo por la zona.

Recorridos todos estos lugares, y si no habéis comido de por medio, es el momento de probar los dulces típicos de Chinchón: las tetas de novicia y las pelotas del fraile. Sus nombres son inolvidables, pero su sabor también, con un aroma a anís, que puedes endulzar si los rellenas de crema, chocolate o frambuesa. Una explosión de azúcar que calentara los días más fríos.

Vista de Chinchón
Vista de Chinchón
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