Santillana del Mar, ecos del pasado

Colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar.
Colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar.
Adentrarse en el centro de Santillana del Mar es retroceder varios siglos en la historia. Regresar a la Edad Media, pasear por un pueblo de calles empedradas en el que los sonidos de los vehículos no tienen cabida, el estrés de las ciudades se desconoce incluso algunos habitantes visten elegantes trajes de época mientras suena una música acogedora procedente de una bandurria.

La ciudad, situada a 30 kilómetros de Santander e integrada en la red de Los pueblos más bonitos de España, está estructura en forma de una Y que separa el área civil, que conduce a la Plaza Mayor (antigua Plaza del Mercado), de la religiosa. En la segunda, tras atravesar la Calle del Cantón, se encuentra su monumento más importante, la colegiata de Santa Juliana, monasterio hasta el siglo XII y principal exponente del arte románico de Cantabria. En torno a esta comenzó a nacer la ciudad entre finales del siglo XII y principios del XII, aunque la mayor parte de los edificios de la villa no se construyeron hasta el siglo XVII.

Calles de Santillana del Mar.
Calles de Santillana del Mar.
Más allá de la colegiata, no destacan grandes monumentos en Santillana del Mar. Todos sus edificios, sus viviendas, merecen una mirada reposada durante un largo paseo. Entre ellos, en cualquier caso, cabe mencionar la casona de los Barreda-Bracho (actual parador Gil Blas) las casas del Águila y la Parra, el palacio y la torre de Velarde, la casa de Leonor de la Vega, los palacios de Barreda, Tagle y Villa o las torres de Merino y Don Borja. En vuestro camino, descubriréis los talleres artesanales que ocupan los bajos de los edificios y que trabajan, entre otras cosas, el cuero. También pasareis ante múltiples pastelerías o tiendas de ultramarinos y difícilmente podréis resistir las tentaciones gastronómicas de Santillana: los sobaos o las quesadas pasiegas. También os sentiréis atraídos por los culines de sidra que sirven en prácticamente todos los bares y restaurantes a casi cualquier hora del día.

Visita indispensable si os encontráis en la ciudad son las Cuevas de Altamira, situadas a poco más de dos kilómetros. Desde marzo de 2015, se puede volver a acceder a estas cavidades con dibujos prehistóricos. Las visitas, de 37 minutos de duración, son solo los viernes y accede únicamente un grupo de cinco personas. Los afortunados son elegidos por sorteo ese mismo día entre aquellos que hayan comprado la entrada para acceder al museo dicho día antes de las 10:30. En cualquier caso, como resultar seleccionado es altamente improbable, otra opción es visitar la reproducción, la Neocueva, ubicada en el Museo de Altamira. Este cuenta además con varias salas que relatan el proceso del descubrimiento de las cuevas, así como la vida en el Paleolítico Superior. La experiencia no es la misma y a pesar de la calidad de las reproducciones, no nacen los sentimientos de encontrarse bajo un dibujo rupestre de miles de años de antigüedad.

Santillana del Mar.
Santillana del Mar.
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