Olite, ciudad de cuento

Palacio Real de Olite
Palacio Real de Olite

Imagínate que viajas a un cuento por un día. Tendrá que tener su castillo, con sus almenas y sus árboles milenarios, ¿no crees? No estoy hablando de ir a Disneylandia u a otro de los parques temáticos de Mickey, sino a Olite, un pueblo de Navarra cuyo castillo no tiene nada que envidiar a los famosos de la ruta francesa del valle del Loira.

Vistas desde el Palacio
Vistas desde el Palacio

Ubicado a 40 kilómetros al sur de Pamplona, el entorno de esta ciudad recuerda más a los parajes secos y ocres de Castilla que al norte húmedo y verde navarro. Sus encantos atraen a numerosos turistas y de hecho, parece que su atractivo ha llegado más a los oídos de los extranjeros que de los españoles, pues por sus calles y restaurantes se oye más el francés o el inglés que el castellano.

El casco histórico, como en toda villa medieval que se precie, está amurallado. Una vez traspasada la fortaleza salimos de la ciudad y nos adentramos en el pueblo de calles empedradas y viviendas cuyos muros guardan siglos de historia. Entre ellas, la de la iglesia de Santa María la Real, una de las principales construcciones góticas de la comunidad navarra, o la iglesia de San Pedro Apostol. Sin embargo, no es hasta llegar hasta su plaza mayor -la plaza de Carlos III, donde se encuentra el Ayuntamiento- y mirar a uno de sus laterales cuando descubres la joya para la que el tiempo se detuvo hace seis siglos, el Palacio Real de Olite, mandado construir por Carlos III y su esposa Leonor.

Iglesia de San Pedro Apostol
Iglesia de San Pedro Apostol

Aunque la entrada no es gratuita, merece la pena atravesar sus gigantescas puertas y moverse por las múltiples estancias que en su día usaron los monarcas. Imaginar qué habría en cada uno de los espacios y quién disfrutaría de las maravillosas vistas al patio interior. Este alberga, además, una morera, declarada monumento natural, y a la que se le atribuyen varios siglos de edad.

El laberinto de pasillos y escaleras de caracol permite acceder a sus torres y contemplar los alrededores de la ciudad, pero también los jardines y el huerto del Convento de San Francisco de Olite. En cualquier caso, el ascenso a algunas de estos torreones no es apto para cualquiera, sobre todo para los que viajan con niños. El viento y la ausencia de vallas protectoras a la altura de la cintura pueden despertar muchos vértigos.

Convento de San Francisco de Olite
Convento de San Francisco de Olite

Como ocurre en la mayoría de las ciudades españolas, Olite cuenta con numerosas fiestas y eventos. En nuestra visita, en pleno mes de julio, coincidimos con el Festival de Teatro Clásico. Aunque no pudimos disfrutar de sus obras por falta de tiempo, me llamó la atención el hecho de que las piezas se interpreten en varios espacios del Palacio, ya sea en uno de sus patios o en alguna de sus dependencias, o al aire libre. ¿Qué mejor lugar para revivir las andanzas de caballeros y princesas de los grandes autores de la literatura clásica española o extranjera?

Por último, como buena localidad del norte, Olite es famosa por su comida, pero sobre todo por su vino, pues es la ciudad vinícola por excelencia de Navarra. Instituciones, museos, rutas y bodegas abundan en la región. ¿Por qué no aprovechar la estancia y hacer una cata de las variedades del jugo de los viñedos de la zona?

Olite
Olite
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