Verona, más allá de Romeo y Julieta

El Listón, Piazza Bra de Verona
El Listón, Piazza Brà de Verona

Shakespeare ha emocionado a muchos con la trágica historia de los Capuleto y los Montesco, aunque para algunos, al hablar de Romeo y Julieta les viene a la mente la imagen de un casi adolescente Leonardo Dicaprio y Claire Danes. Sea como sea, este relato de amor imposible se ha convertido en el principal atractivo de Verona, al norte de Italia, y en realidad esta ciudad cuenta con más encanto que ofrecer: callejuelas medievales, ruinas romanas o las orillas del río Adigio, son solo algunos ejemplos.

Homenaje a Shakespeare en la Piazza Brá
Homenaje a Shakespeare en la Piazza Brà

Pese a todo, nada más cruzar los arcos que dan entrada a la ciudad antigua de Verona (los Portoni della Brà, una parte de las murallas construidas a finales del siglo XIV), nos encontramos con uno de los muchos bustos dedicados a Shakespeare que hallaremos en nuestra visita. Una pequeña figura en una inmensa plaza, la Piazza Brà, que alberga algunos de los principales monumentos de la ciudad. El más importante es el anfiteatro Arena, el tercero más grande del mundo y uno de los mejores conservados, que hoy en día es usado para la representación de grandes óperas. En esta misma plaza, nos encontramos con el Palacio Barbieri (sede de la administración de Verona) y el Listón (llamado así por las largas losas de mármol rosado que conforman su pavimento), una amplia acera que discurre desde la derecha donde nos esperan las terrazas de numerosos restaurantes.

Tomando desde el Arena la calle Mazzinni, la principal vía comercial de la ciudad con grandes tiendas de lujo que nos trasladan al cuadrilátero de la moda de Milán, aunque también con marcas internacionales más asequibles para todos los bolsillos, llegamos a la Piazza delle Erbe, la más antigua de la ciudad. Su nombre, Plaza de las Hierbas, se debe a que alberga desde hace siglos el mercado local, que en la antigüedad estaba únicamente dedicado a la venta de hierbas y especias. En su centro, la fuente de la Madonna Verona, y a su alrededor, varios edificios palaciegos con frescos en sus fachadas. Destaca el Palazzo Commune, en la actualidad sede de la Cámara de Comercio de Verona, y la Torre Lamberti, de más de 80 metros de altura, desde la cual se logran unas maravillosas vistas de toda la ciudad.

Anfiteatro Arena
Anfiteatro Arena

Si os decidís a subir a la torre (es posible tanto andando como en ascensor), la salida será por el patio del Mercato Vecchio (Mercado Viejo), donde encontraréis la Scalla de la Ragione (Escalera de la Razón), un gran escalera de mármol que parece diseñada para estar ubicada en el interior de un gran palacio. Subiendo por ella, llegamos a la galería de arte moderno. Sin embargo, para una visita más rápida, es recomendable continuar callejeando y llegar a la Piazza dei Signori (Plaza de los Señores), más elegante que la Piazza delle Erbe y en cuyo centro se encuentra la estatua de otro gran escritor, Dante, hospedado en Verona durante su exilio de Florencia. Desde allí observaréis las florituras de los Arche Scaligere, un pequeño cementerio en el que están enterrados los primeros señores de la ciudad, la familia Scaligeri.

Pintadas en la Casa de Julieta
Pintadas en la Casa de Julieta

Para los fanáticos de Romeo y Julieta, hay algunas visitas imprescindibles, pese a su caracter puramente turístico: la casa de Julieta, la casa de Romeo (solo se puede contemplar su fachada, pues es un edificio privado) y la tumba de Julieta (ubicada en el Monasterio de San Francesco in Corso). Evidentemente, los tres son reproducciones basadas en la obra de Shakespeare que a su vez se desconoce si estaba basada en una historia real, pero, si se quiere visitar uno, yo me decantaría por el primero. Para acceder a la casa de Julieta, que incluye una reproducción del que sería su dormitorio y otras dependencias de la vivienda, hay que pagar una entrada bastante cara (para ser un edificio ficticio), pero merece la pena entrar al patio, contemplar los muros plagados de pintadas de enamorados o los candados que encierran el amor de muchos, tocar el pecho derecho de la estatua de Julieta (la tradición dice que dará suerte a la relación) y el balcón desde el que está amó a Romeo.

Llegado este momento, hay que comenzar a desviarse del núcleo de la ciudad para llegar al Duomo o Catedral de Santa Maria Matricolare, la Iglesia de Santa Anastasia y la Iglesia de San Fermo. Aunque hay otros muchos monumentos religiosos dispersos por Verona, estos tres son de visita obligada por sus orígenes o lo que representan.

  • Catedral de Santa Maria Matricolare: más que de una catedral (o duomo, en italiano) debe hablarse de un conjunto catedralicio, pues engloba la Iglesia de San Giovanni in Fonte (el Baptisterio), la Iglesia de Santa Élena, el claustro de los Canónigos y la Biblioteca Capitular.
  • Iglesia de Santa Anastasia: se trata de la mayor iglesia de Verona. Comenzó a construirse en el siglo XIII, sobre los restos de dos templos dedicados a Santa Anastasia y San Remigio. Destaca su techo, con cuidados, elegantes y minimalistas pinturas florales.
  • Iglesia de San Fermo: un ejemplo de arte románico construido entre los siglos VIII y IX en una área ocupada por la necrópolis.
Vistas desde el Ponte di Pietra
Vistas desde el Ponte di Pietra

Por último, y no por ello menos importante, nos queda observar el paso del río Adigio por la ciudad y cruzar el Ponte Pietra, que nos llevará al teatro romano de la ciudad. Construido en el siglo I aC (antes que el Arena), las gradas no se conservan en muy buen estado (sobre todo si las comparamos con el de Merida), pero los italianos siguen acudiendo allí a presenciar espectáculos musicales. Desde el propio teatro, un ascensor nos permite acceder al Museo Arqueológico, que guarda los restos de la época romana encontrados en Verona. Al encontrarse en una colina, podemos lograr unas espléndidas vistas de la ciudad, aunque no tan magníficas como las obtenidas desde la Torre Lamberti. No obstante, si sigues ascendiendo, ya sin ascensor, llegas al Castel San Pietro, con maravillosas panorámicas de nuestro alrededor.

Antes de abandonar Verona, hay que probar su postre estrella (sobre todo en la época navideña), el pandoro, una especie de panettone, pero sin frutas ni pasas en su interior y recubierto de azúcar glas. Perfecto para los días más fríos.

Vista de Verona desde la Torre Lamberti
Vista de Verona desde la Torre Lamberti
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