Portugal del Duero al Miño

En el norte de Portugal todo empieza por Oporto, la segunda ciudad más importante del país, pero no todo acaba ahí. A escasos kilómetros, nos encontramos con la villa de los antiguos reyes lusos, Guimaraes, la ciudad de los arzobispos, Braga, y ya a punto de cruzar la frontera con España, la cuna del bacalao portugués, Viana do Castelo, y el corazón comercial del país, Valença do Minho.

Oporto
Oporto

Oporto

Oporto
Oporto
A pesar de tener la categoría de urbe y superar con creces los 200.000 habitantes, en Oporto todo tiene aire de pueblo. Sus calles empinadas y empedradas, sus callejones solitarios, sus edificios bajos de fachadas antiguas y estropeadas. No obstante, es esa decadencia portuguesa la que brilla a orillas del Duero en contraste con la modernidad antiestética del Puente de Luis I (con una estructura que recuerda a la de la Torre Eiffel).

La ciudad se puede conocer en poco más de un día. Recorrer la zona alta, entrar al Mercado do Bolhao, pasear por la avenida comercial, subir a la Torre dos Clérigos o la escalera de la Librería Lelho y visitar los jardines del Palacio de Cristal.

Estación de Sao Bento
Estación de Sao Bento
En el recorrido hacia la parte baja, descubrir los azulejos del interior de la Estación de Sao Bento y acceder a la Sé de Oporto, para cruzar entonces el río por el puente metálico y comenzar a descender a través de las callejuelas serpenteantes que nos llevaran entre las bodegas del vino dulce de la ciudad. Con un poco más de tiempo, tomar un autobús, metro o cercanías y acercarse a las playas de Matosinhos a disfrutar del marisco o el arroz caldoso a precios increíblemente bajos y, de regreso al centro, pasear por la Foz do Douro, el barrio más exclusivo de la ciudad, y huir de las olas en la desembocadura del río.

Foz do Douro
Foz do Douro
Poco más se puede decir de Oporto, pues solo una visita puede mostrar su verdadera magia. Las luces y los colores que se forman durante la puesta de sol junto a los barcos en la ribera del Duero. La vida nocturna (unas horas antes que en España) de sus restaurantes y bares, de los portugueses y cientos de turistas que salen a las calles cuando la lluvia lo permite y adoptan tradiciones más españolas que europeas. Los numerosos gatos lustrosos que se esconden en los callejones, cuidados por personas que se acercan con todo tipo de comidas para ellos, desde el pienso más común hasta los caprichos más sofisticados, y las gaviotas o palomas, que conviven con ellos, pendientes del instante en que el cazador trate de atrapar a su presa o únicamente jugar con ella.

Guimaraes
Guimaraes

Guimaraes

Plaza Largo da Oliveira
Plaza Largo da Oliveira
Descubrir Guimaraes será una tarea mucho más breve. Lo primero que es necesario saber es que esta ciudad es considerada como el origen de Portugal (como rezan los restos de sus murallas medievales), pues allí nació su primer rey, Alfonso Henríquez.

La visita a Guimaraes se puede dividir en dos zonas: el centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y la Colina Sagrada. En el primero, basta con recorrer sus calles, tomarse un café en la plaza Largo da Oliveira, que debe su nombre a un olivo centenario allí plantado, contemplar  el aspecto medieval de sus edificios o el convento de Santa Clara, hoy sede del ayuntamiento. En la segunda, podremos visitar el Palacio de los Duques de Braganza y el Castelo de Sao Manede, completamente en ruinas.

Palacio de los Duques de Braganza
Palacio de los Duques de Braganza
El Palacio, que data del siglo XV, es en realidad un museo en el que contemplar las estancias que albergaban a los Braganza (cuarta dinastía real portuguesa). Cuando estos se trasladaron al Alentejo, el edificio se deterioró, pero fue restaurado al convertirse en residencia del dictador luso António de Oliveira Salazar.

Castillo de Guimaraes
Castillo de Guimaraes
A pocos metros nos encontramos con la Capela de São Miguel donde, según narra la historia, fue bautizado Alfonso Henríquez. Y coronando la colina, las ruinas del castillo, edificado en el siglo X y muy deteriorado en sus primeros 100 años de existencia. Merece la pena acceder a su interior para pasear con cautela por sus almenas y contemplar las vistas de Guimaraes y los alrededores. Por último, si la agenda lo permite, también es posible montar en el funicular que asciende a la Montaña da Penha y ampliar aún más las panorámicas del paisaje.

Bom Jesus do Monte
Bom Jesus do Monte

Braga

A pesar de ser ligeramente más pequeña que Guimaraes, Braga es la tercera ciudad más poblada del país, con un aspecto más moderno, de calles anchas y plazas amplias y cuidadas, aunque su pasado se remonta a hace 2.000 años. Su diócesis es la más antigua de Portugal y en la Edad Media se enfrentó incluso con Santiago de Compostela por qué ciudad era más relevante. Su catedral, la Sé de Braga, ostenta también el estatus de ser la más anciana del país: fue ordenada construir en el siglo XII por los primeros monarcas lusos, cuyas tumbas se guardan en ella.

Sé de Braga
Sé de Braga
Una visita a Braga también incluye sentarse tranquilamente en la Plaza de la República o en el Jardín de Santa Bárbara, situado junto al Palacio Episcopal de la ciudad -en la actualidad alberga la Universidad y merece la pena entrar para echar un vistazo a los azulejos de la escalera principal-, recorrer el centro histórico y cruzar el Arco da Porta Nova, decorado con el  escudo de armas del arzobispo José de Bragança, o admirar la fachada repleta de azulejos del Palacio do Raio.

Arco da Porta Nova
Arco da Porta Nova
Pero también es imprescindible alejarse del centro y llegar al Santuario de Bom Jesus do Monte, ubicado en lo alto de una colina. Se puede subir andando desde la parte baja de la montaña, acceder en coche o coger el tren cremallera (el primero de este tipo en la Península Ibérica, contruído en 1882). No obstante, una vez en lo alto, la mayor parte de los visitantes optan por bajar y subir las escaleras en zigzag que sortean un desnivel de más de 100 metros. En el recorrido, el “trayecto de la purificación”, te encuentras con varias fuentes y capillas y es imposible dejar de fotografiar tanto la pendiente que se abre a tus pies como la perspectiva que se crea por encima de donde te encuentras. El acceso a la propia iglesia es gratuito, aunque la belleza se queda principalmente en su exterior, sobre todo si consigues aislarte del centro turístico creado en el entorno: el parque donde se han ubicado algunos bares para recuperar fuerzas tras el ascenso y varios hoteles de lujo a pocos minutos donde descansar con espléndidas vistas.

Vistas de Viana do Castelo desde el Monte de Santa Luzía
Vistas de Viana do Castelo desde el Monte de Santa Luzía

Viana do Castelo

A pocos kilómetros de la frontera con España, nos encontramos con Viana do Castelo, conocido como uno de los pueblos más bonitos del norte de Portugal. La razón de esta belleza está, sin lugar a dudas, en su ubicación: en el margen derecho del estuario del río Lima, en la ladera sur del Monte de Santa Luzia. No obstante, es esta presencia del agua la que puede dificultar encontrar la magia de la ciudad por la densa niebla.

Plaza de la República
Plaza de la República
Viana do Castelo fue y sigue siendo un pueblo de pescadores. De hecho, paseando por sus calles puedes encontrarte personas vendiendo las piezas recién capturadas. Además, el bacalao es su gran enseña gastronómica, con una receta propia “a la viana”: bacalao confitado con cebolla y acompañado de patatas, pan frito y col salteada. Su ubicación la convirtió en un punto clave para el comercio con Brasil. Esto, unido al establecimiento en el siglo XV de una colonia de judíos procedente de Cataluña, otorgaron a la ciudad una riqueza que le permitió construir los edificios monumentales de su cuidado centro histórico. Entre ellos destacan el antiguo ayuntamiento, el Edificio de la Misericordia o la fuente ubicada en la Plaza de la República, todo ello construido a lo largo del siglo XVI. Algo más alejado del centro, continuando por lo que sería el paseo marítimo, destaca el Castillo de Sao Tiago da Barra, unas ruinas de una fortificación del siglo XV empleada para defender el puerto de los piratas. Desde ellas, si la niebla lo permite, se puede contemplar la ciudad, el monte y el estuario.

Santuario de Santa Luzia
Santuario de Santa Luzia
No obstante, al igual que en Braga, en Viana do Castelo hace falta subir una montaña, la de Santa Luzia, para descubrir el santuario del mismo nombre, la verdadera joya de la ciudad. Al igual que para llegar al Santuario de Bom Jesus, se puede ir andando, conduciendo por las serpenteantes carreteras o utilizando el funicular. La basílica data del siglo XX y recuerda ligeramente al Sacré Coeur de París. Está rodeada de un gran bosque, en el que también se encuentran los restos de una ciudad prerromana, y desde ella se puede observar la confluencia del río y el mar, así como la silueta de la ciudad que corona.

Fortaleza de Valença do Minho
Fortaleza de Valença do Minho

Valença do Minho

Calles de Valença
Calles de Valença
Ya a las orillas del Miño, una fortaleza, formada por varios módulos que dan lugar a una estructura en estrella, guarda el tesoro de Valença do Minho, considerada una de las mayores zonas comerciales de Portugal a la que hace no muchos años viajaban los españoles en busca de sábanas y toallas. Las propias murallas, que comenzaron a construirse en el siglo XII y se reforzaron en el XVIII, conforman una ciudad dividida en dos cuerpos, dos barrios unidos por un puente situado encima del foso.

Iglesia de San Esteban
Iglesia de San Esteban
Tras acceder por una de sus cuatro puertas, aparecen los pequeños comercios que la hacen famosa, hoy en día ya tiendas más turísticas. En los fines de semana, las calles empedradas se llenan de los artículos de estos bazares para atraer a todos los paseantes. No obstante, no podemos dejarnos absorber por las compras y olvidar los monumentos, principalmente religiosos, que Valença ofrece: la Iglesia de Santa María dos Anjos y la Iglesia de San Esteban -ambas del siglo XIII-, la barroca Capilla Militar del Buen Jesús, o lugares como la Plaza de la República, donde sentarnos a tomar un café y disfrutar del entorno.

Las aguas del Miño separan a Valença de Tui, ya ciudad española. Desde 1884, ambas están conectadas por el Puente Internacional de Tui, la frontera invisible entre dos países de la UE que comparten muchas características, principalmente en este territorio. Sin embargo, en sus inicios, en el siglo XII, esta ciudad fue llamada Contrasta, por su posición rival con la región española.

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