Burgos a través de sus monasterios

La ciudad de Burgos es conocida por su esplendorosa catedral, en la que se encuentra enterrado el Cid y su esposa, Jimena. No obstante, a escasos kilómetros de esta, nos encontramos con tres monasterios con una belleza particular y una gran historia a sus espaldas.

Monasterio de Santa María de las Huelgas.
Monasterio de Santa María de las Huelgas.

Monasterio de Santa María de las Huelgas

El más conocido de los tres es sin duda el Monasterio de Santa María de las Huelgas, con un pasado unido a la realeza española. Sus orígenes se remontan al siglo XII, cuando el rey Alfonso VIII y su esposa Leonor deciden levantar aquí un monasterio cisterciense femenino, que sirviera también de lugar de retiro para mujeres de la aristocracia o la realeza. Tras años de conflictos, el monarca consiguió además que este monasterio se convierta en la cabeza de todos los monasterios cistercienses de Castilla y León y dependiese directamente del Papa.

Las Claustrillas.
Las Claustrillas.

Aunque en el monasterio viven en la actualidad 36 monjas cistercienses, se puede acceder a las zonas de más importancia histórica, siempre con la compañía de un guía y con la prohibición de hacer fotografías en las áreas cerradas. Pese a este control, el lugar merece una visita. Contemplar una de las naves laterales de la iglesia, donde se encontraban enterrados algunos de los monarcas y cuyas tumbas fueron saqueadas por las tropas de Napoleón; la nave central, con el sepulcro austero de María Ana de Austria, abadesa del monasterio; pasear por el Claustro de San Fernando y Las Claustrillas y observar detenidamente los detalles de la decoración de los muros y las columnas de los arcos, con detalles mudéjares; observar el cuidado artesonado de la capilla de Santiago y visitar el Museo de Ricas Telas Medievales donde, entre otras cosas, se encuentra expuesto el Pendón de las Navas de Tolosa.

Un recorrido ameno, de una hora de duración, que nos permite descubrir lo que es y fue este centro religioso, pero también contemplar el arte o las construcciones de otros siglos. Además, en la rehabilitación del monasterio, necesaria pues muchas de sus zonas estaban derruidas, se ha decidido conservar, pero no recrear. Es decir, las obras, la arquitectura ha sido limpiada, pero nunca repintada para emular cómo fue en su día, algo que en ocasiones da a monumentos con siglos de historia un aire demasiado luminoso y colorido. Es por ello que muchos detalles han desaparecido, pero se conserva su esencia y, lo que es más importante, descubrimos que lo que sigue vivo es así porque se hizo con una calidad excelente.

Cartuja de Miraflores.
Cartuja de Miraflores.

Cartuja de Miraflores

Interior de la Cartuja de Miraflores.
Interior de la Cartuja de Miraflores.

Situado en medio de un paraje natural, aunque a tres kilómetros de la capital, la Cartuja de Miraflores -cuya primera construcción data del siglo XV- mantiene la grandiosidad de Las Huelgas, con el que comparte el pasado real, pero en un espacio muy reducido. En este pequeño monasterio de monjes cartujos están enterrados los padres de Isabel la Católica, Juan II e Isabel de Portugal, así como su hermano, el infante Alfonso de Castilla. Los sepulcros de los progenitores son uno de los dos puntos centrales de la iglesia: colocados en el centro de la nave, delante del retablo mayor -el otro gran atractivo-, tallados en alabastro y con un tamaño tan imponente que es complicado contemplarlos en conjunto.

Si nos colocamos frente al retablo mayor, tallado en madera y posteriormente policromado y dorado, y observamos cada una de las escenas y figuras representadas con ayuda del folleto informativo, quedamos fascinados (independientemente de las creencias religiosas de cada uno). Impresionados por la relación que guardan cada uno de los espacios, por la cuidada y ordenada estructura, por el significado individual y del conjunto.

Monasterio de San Pedro de Cardeña.
Monasterio de San Pedro de Cardeña.

Monasterio de San Pedro de Cardeña

Situado a 10 kilómetros de la ciudad, en medio de un bosque, el Monasterio de San Pedro de Cardeña destaca, sin embargo, por su austeridad. Aunque exteriormente veamos un gran edificio, en su interior encontramos espacios diáfanos, obras de arte poco ostentosas, aunque no por ello carentes de importancia histórica.

Tumba de Babieca.
Tumba de Babieca.

No obstante, la relevancia de este monasterio de monjes cistercienses, fundado en torno al siglo XX, estriba en que fue el lugar original donde se enterró a Rodrigo Díaz de Vivar y a su mujer, Doña Jimena, antes de ser trasladados a la Catedral de Burgos. En la explanada exterior, se muestra una tumba que afirma ser la de Babieca, el caballo del Cid.

El interior del monasterio, al igual que en los anteriores, también se puede visitar, aunque en este caso con un recorrido dirigido por uno de los monjes que allí residen. Durante media hora, accedes a la iglesia, al Panteón del Cid, donde estaban ubicados los sepulcros, o a las dependencias interiores, no usadas en la actualidad, y en las que se conservan algunas reliquías, también arquitectónicas, como el Claustro de los Mástires o la escalera en caracol sin eje central que conduce al archivo monacal, u obras artesanales de magnífica calidad de los monjes que han habitado el monasterio.

 

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