Burgos, una ciudad de historia

Plaza Mayor de Burgos.
Plaza Mayor de Burgos.

Nada más pisar Burgos, sientes cómo te rodea la historia de un país, pero también de toda la humanidad. La que fuera capital del reino unficado de Castilla y León durante cinco siglos es famosa por su grandiosa catedral de estilo gótico, pero no podemos olvidar que en esta ciudad descansa el Cid Campeador o que en las cercanías se han encontrado restos de algunos nuestros antecesores.

Antes de adentrarnos en el centro histórico de la ciudad castellano-leonesa, podemos pasear junto al río Arlanza y visitar el Museo de la Evolución Humana, que garantiza una comprensión más completa de los yacimientos de Atapuerca. A estos últimos solo se puede acudir en grupos organizados con un guía que nos explica las excavaciones, los hallazgos y algunos rasgos generales de la vida hace miles de años. La visita parte en autobús del propio museo y, tras recorrer una parte de los yacimientos, continúa en el Centro de Arqueología Experimental, donde que se conocen aspectos más prácticos de la vida diaria de nuestros antepasados (caza, alimentación, construcción de viviendas, etc).

Río Arlanza.

Desde la orilla del río podemos entrar al centro histórico por el Arco de Santa María, una de las 12 puertas de la muralla de la ciudad medieval, hoy sala de exposiciones y el Museo de Farmacia. Desde aquí, ya vislumbramos a pocos metros la Catedral, una de las obras principales del gótico en España y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Antes de entrar, merece la pena contemplar cada uno de los detalles de su fachada y levantar la mirada para ver en toda su grandeza las torres que alcanzan los 84 metros de altura. Ya en su interior, aunque uno puede perderse contemplando cada centímetro, hay tres cosas que no se pueden dejar pasar por alto:

  • Tumbas del Cid y Doña Jimena: los restos de Rodrigo Diaz de Vivar y su esposa fueron depositados inicialmente en el Monasterio San Pedro de Cardeña, pero desde 1921 descansan bajo el cimborrio de la nave central de la Catedral.
  • Escalera dorada: inspirada en modelos del renacimiento italiano, esta escalera, obra del arquitecto burgalés Diego de Siloe, se construyó tras la ampliación de la catedral y la necesidad de sortear el desnivel de terreno y comunicar el templo con la calle de Fernán González. Su fama fue tal, que dicen que sirvió de modelo para la escalera de la Ópera de París.

    Interior de la Catedral de Burgos.
    Interior de la Catedral de Burgos.
  • Papamoscas: en el lado izquierdo de la catedral, junto a uno de sus ventanales, un reloj, coronado por la extraña figura de un humano, al que llaman Papamoscas por el ruido que hacía al dar las horas, similar al del pájaro del mismo nombre. La leyenda cuenta que esta figura, que aún hoy abre y cierra la boca cada hora, fue encargada por el rey Enrique III para recordar a una mujer que había visto en el templo al ir a rezar. Prendado de ella, la siguió cada día a la salida de la catedral hasta la casa en la que vivía. Nunca tuvo la valentía para hablarla y la última vez que la vio traspasar las puertas de su vivienda, escuchó poco después un trágico lamento. Al no volver a verla, preguntó quién residía en aquel lugar y le contaron que se trataba de una casa deshabitada, pues la familia anterior había fallecido a causa de la peste. Conmovido e intrigado por la historia, mandó reproducir su imagen (cosa que el escultor no logró), así como su último recuerdo, el lamento al entrar en la casa.
Iglesia de San Esteban.
Iglesia de San Esteban.

Concluida la visita a este templo, podemos rodearlo por la Plaza de Santa María, pasar por delante de la Iglesia de San Nicolás y continuar ascendiendo por las callejuelas hasta la Iglesia de San Esteban. Tras llegar al arco de San Esteban, nos encontramos con el ascenso que lleva al Mirador y a las ruinas del Castillo -destruido en el siglo XVIII. Desde el primero se obtienen unas maravillosas vistas de Burgos, con la Catedral en primer plano. 

Hasta ahora, la zona más monumental de la capital. No obstante, algo más alejadas de la catedral, nos encontramos con la Casa del Cordón, donde los Reyes Católicos recibieron a Cristobal Colón tras su segundo viaje a América; o la estatua que homenajea al Cid Campeador. Por último, no podemos dejar la ciudad sin haber pasado por la Plaza Mayor y hecho la ruta de la tapa por las calles Sombrerería y San Lorenzo. Una visita a Burgos no es completa si no probamos la morcilla. Y ya si os sobra tiempo, podéis acercaros a visitar tres de sus principales monasterios.

Catedral de Burgos.
Catedral de Burgos.
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