Milán es más que el Cuadrilátero de la Moda

Galleria Vittorio Emanuele.
Galleria Vittorio Emanuele II.

El Cuadrilátero de la moda es lo que da fama a Milán. Turistas de todo el mundo y muchos italianos llegan a este municipio del norte de Italia en busca de las últimas novedades de grandes marcas como Versace, Armani o Dolce & Gabbanna. Si lo comparamos con otras grandes ciudades italianas como Roma o Florencia, Milán no tiene nada que ofrecer en el ámbito cultural. Pero si rebuscamos un poco entre sus calles y nos abstraemos del lujo que la rodea, podremos descubrir los secretos que esconde.

Duomo di Milano

Duomo di MIlano.
Duomo di Milano.

La Catedral de Milán preside el centro de la ciudad y es el punto desde el que ubicarse para ir a cualquier lugar. Su altura y los minuciosos detalles de cada una de las torres sorprenden ya desde la calle, pero fascinan cuando se contemplan en la propia terraza de la catedral. Desde el siglo V, esta zona estaba ocupada por la Basílica de San Ambrosio, a la que 300 años después se sumó la Basílica de Santa Tecla. Finalmente, en el siglo XIV comenzó a construirse la catedral gótica, un trabajo que duró cinco siglos.

Para entrar hace falta esperar largas colas (hay una turistas y otra para fieles) y se puede acceder a la catedral, llegar hasta los restos de la Basílica de Santa Tecla y de un baptisterio cristiano del siglo IV, y a las terrazas. En el interior, sorprende la altura del templo, así como las luces de colores reflejadas por las numerosas vidrieras. Ya en las terrazas del Duomo, querréis fotografiar cada uno de los detalles del bosque de pináculos y chapiteles. En algunas zonas, da vértigo asomarse y contemplar la fachada de la Galleria Vittorio Emanuele o a las personas que pasean por la Plaza del Duomo. Antes de bajar, tenéis que acordaros de mirar a las alturas en busca de la Madonnina, el punto más alto de la catedral, una estatua de cobre dorado que representa a la Virgen.

Cimitero Monumentale di Milano

Cimitero Monumentale di Milano.
Cimitero Monumentale di Milano.

Puede que parezca un lugar algo tétrico para visitar, pero al igual que en París debéis pasear por el cementerio del Père-Lachaise, en Milán tienes que entrar a su cementerio Monumental. Los homenajes a los que allí yacen no son una simple lápida, sino pequeños palacetes, estatuas e incluso recreaciones de grandes obras de la historia del arte como La última cena. Además de los numerosos mausoleos, en el cementerio destaca el Famedio, una gran construcción en la entrada principal que alberga las tumbas de personajes ilustres de Italia, como Giuseppe Verdi. El complejo cuenta también con una parte dedicada a los judios y otra donde descansan personalidades no católicas.

Navigli

Navigli.
Navigli.

Pocos saben que Milán cuenta con sus propios canales. Aunque tienen mucho que envidiar a los de Venecia, merece la pena dar un paseo por ellos y aprovechar para tomar el aperitivi italiano. Hasta principios del siglo XX, Milán era una ciudad navegable y estaba conectada por agua con los lagos y ríos de sus alrededores. Por esta llegó a la ciudad el mármol utilizado para construir el Duomo. En sus orillas fueron surgiendo talleres y aunque hoy solo existen dos de los canales de entonces, el Naviglio Grande y el Pavese, muchos de aquellos talleres continúan en activo, convertidos quizás en pequeñas galerías de arte que han dado lugar a un barrio alternativo y vanguardista por el que caminar de noche, descubrir los curiosos artículos de las tiendas de segunda mano y tomar una cerveza en los muchos bares y restaurantes.

Basilica di Sant’Ambrogio

Basilica di Sant'Ambrogio.
Basilica di Sant’Ambrogio.

En torno al siglo IV, el entonces obispo de Milán, san Ambrosio ordenó edificar una basílica en el lugar donde habían sido sepultados los cristianos torturados durante las persecuciones romanas. La iglesia fue dedicada a los mártires y posteriormente fue enterrado en ella el propio obispo. La construcción fue reformándose y hasta el siglo XI no obtuvo su aspecto actual. Por todo esto, la basílica tiene un aspecto bastante austero, con una fachada de ladrillo roja. Los italianos suelen acudir a ella el 7 de diciembre, día de San Ambrosio, el patrón de Milán. Además, en las calles aledañas suele celebrarse un mercadillo, llamado Oh Bej! Oh Bej, con puestos de comida y venta de productos artesanales, aprovechando la cercanía de la Navidad.

La última cena

Pocos saben que una de las obras más famosas de Leonardo da Vinci, La última cena, se encuentra escondida en Milán. Y nunca mejor dicho lo de escondida. Pues no es un museo en donde se expone. Este fresco, que aumentó aún más si cabe su popularidad tras el lanzamiento del libro (y la posterior película) de El Código da Vinci, fue pintado por el italiano en la pared del refectorio del convento contiguo a la iglesia de Santa Maria delle Grazie. La importancia de la obra es tal que las visitas están muy controladas. Para ver la pintura hay que reservar con antelación para una hora determinada y abonar una entrada de 10 euros. Las visitas se realizan en grupos de 25 personas y duran tan solo 15 minutos.

Castello Sforzesco

Castello Sforzesco.
Castello Sforzesco.

Aunque hoy en día alberga varios museos, el Castillo Sforzesco fue construido como fortaleza en el siglo XIV. Posteriormente, se convirtió en un palacio ducal y demolido parcialmente. Hace dos siglos, los ciudadanos de Milán plantearon demolirlo para construir una zona residencial de lujo, aunque la idea fue finalmente desechada y la zona restaurada. En el siglo XX, se llevó a cabo una de las últimas reformas y hoy, este conjunto militar es una de las zonas más emblemáticas de la ciudad. Su visita por el día o por la noche es completamente diferente, pues tras la puesta de sol, las torres y la plaza se iluminan creando un bonito paisaje. Si os gusta entrar a todos los museos, aquí tenéis la oportunidad de conocer el del Mueble, Artes Decorativas, Instrumentos Musicales, así como acceder a la pinacoteca, el Museo de Egipcio y el dedicado a la prehistoria y a la protohistoria.

Galleria Vittorio Emanuele II

Galleria Vittorio Emanuele.
Galleria Vittorio Emanuele II.

Aunque la mayoría de las firmas tienen sus locales en las calles que conforman el Cuadrilátero de la Moda, este edificio parcialmente abierto, que alberga marcas de la talla de Versace o Armani, es considerado el salón de Milán por ser un lugar de encuentro para compras y comidas. Diseñada en el siglo XIX, la galería está formada por dos arcadas perpendiculares cubiertas por una bóveda de vidrio y hierro, lo que otorga al espacio una gran sensación de amplitud y lujo. Construida a finales del siglo XIX, lleva el nombre del primer rey italiano y comunica dos de las principales plazas de la ciudad, la del Duomo y la de la Scala. Además de pasear por la planta situada a pie de calle, merece la pena subir a la cafetería que da al Duomo y ver las minuciosas esculturas de la catedral desde arriba. Para los supersticiosos, la tradición dice que para volver a Milán, hay que tocar con el tacón del zapato los genitales del toro del escudo de la ciudad de Turín, representado junto a los de Florencia, Roma y Milán en un mosaico del suelo de la galería. Si dais tres vueltas con el tacón apoyado mientras piensas un deseo, este se cumplirá y regresaréis a la ciudad italiana.

Teatro alla Scala

Teatro alla Scala.
Teatro alla Scala.

Tras cruzar la Galleria Vittorio Emanuele, desembocaréis en el Teatro de la Scala, construido hace más de dos siglos para sustituir al antiguo Teatro Ducle (que ardió en un incendio) y considerado uno de los referentes en el mundo de la ópera gracias a las figuras que han pasado por su escenario. La fachada es bastante sobria, pero su interior no os decepcionará. Podéis optar por comprar una entrada y ver uno de sus espectáculos, pero si no tenéis tiempo, también podéis visitarlo como turistas. Esta entrada incluye la visita al museo de la Scala, donde se expone el vestuario de algunas de las representaciones que ha presenciado el teatro, una colección de instrumentos o un conjunto de pinturas de los grandes maestros de la ópera. Para concluir vuestra visita, podéis entrar a los palcos y pasear por el lujoso hall de entrada.

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