Las cascadas de la Isla de Hielo

En Islandia, el agua en todas sus formas es el principal atractivo turístico, pero también una de las fuentes de riqueza del país. Cuenta con el volumen de precipitaciones más elevado de Europa y está rodeado por mar y cubierto en un 10% por glaciares. El 90% de las casas usan energía geotérmica para calentarse y las aguas subterráneas brotan prácticamente a cada paso. Todo ello hace que las cascadas sean un elememto que tendrás muy presente en tu recorrido por la Isla de Hielo.

Hraunfossar.
Hraunfossar.

Hraunfossar y Barnafoss

Barnafoss.
Barnafoss.

Al oeste de la isla, a muy pocos kilómetros de Reikiavik, el turquesa de las cristalinas aguas de Hraunfossar y Barnafoss deja la boca abierta. Aquí se puede observar perfectamente cómo el agua surge directamente de la tierra procedente de un campo de lava porosa que, según se cree, surgió hacia el año 800. Barnafoss también es llamada la cascada de los niños por la trágica desaparición de unos pequeños en esta zona. Una Navidad, cuando los padres regresaron a la casa, sus hijos no estaban y solo encontraron sus huellas en un arco de lava natural que era utilizado para cruzar la cascada. Se cree, por tanto, que cayeron al agua y murieron ahogados. La leyenda cuenta que la madre hizo derrumbar este arco.

Godafoss.
Godafoss.

Godafoss

Una vez más, cautiva el color de su agua. Muy cerca del lago Myvatn, esta cascada es conocida también como la cascada de los dioses. La leyenda cuenta que, cuando Islandia se convirtió al cristianismo, el impulsor de esta religión en el país mandó lanzar a estas aguas todos los iconos que representarán a los dioses paganos nórdicos. Godafoss se puede observar desde arriba y los más aventureros pueden descender hasta sus orillas.

Dettifoss.
Dettifoss.

Dettifoss y Selfoss

Selfoss.
Selfoss.

En el parque nacional Vatnajökull norte o Jökulsárgljúfur, se encuentra Dettifoss, la cascada de mayor volumen de toda Europa. Aunque no es la más alta de Islandia (44 metros), por ella caen cada segundo entre 200 y 500 metros cúbicos de agua. La cantidad y la fuerza es tal que a su alrededor se crea una nube de pequeñas gotas que te empapan como un chaparrón. A menos de dos kilómetros de Dettifoss se encuentra la catarata Selfoss. Menos sorprendente que su hermana mayor, pero merece la pena acercarse a contemplarla.

Skogafoss.
Skogafoss.

Skogafoss

En la parte sur de Islandia, muy cerca del Vatnajökull, se encuentra Skogafoss, una cascada menos conocida pero no por ello menos bella. Con una caída de 62 metros de altura, este lugar esconde una leyenda que dice que tras la cascada se oculta un cofre de oro, cuyo brillo se puede ver en algunas ocasiones. Además de contemplarla desde su base, puedes subir las empinadas escaleras que discurren junto a ella y, si no tienes vértigo, observar desde arriba cómo el agua se precipita bajo vuestros pies.

Seljalandsfoss.
Seljalandsfoss.

Seljalandsfoss

A pocos kilómetros de Skogafoss, prácticamente sin desviarte de la carretera 1, llegas Seljalandsfoss, cuyo salto de agua alcanza también los 60 metros. Lo curioso de esta cascada es que puedes recorrerla por detrás y sentir que estás bajo sus aguas. Eso sí, el baño está garantizado porque la fuerza con la que cae el agua hace que las gotas lleguen a todos los que se encuentran cerca.

Gulfoss.
Gulfoss.

Gulfoss

Si hablamos de la principal cascada de Islandia, ésta es Gullfoss o la cascada dorada, por el reflejo de los rayos de sol sobre la columna de pequeñas gotas de agua que la rodea. Está considerada, además, la más bella del planeta. Ubicada en el Círculo Dorado, el recorrido que cubre los tres puntos más importantes de la isla (Gulfoss, Pingvellir y Geysir), la gran cantidad de turistas que la visitan es su único punto negativo. Un pequeño camino de tierra te permite observarla desde distintos puntos de vista, aunque si desciendes, necesitarás un buen chubasquero incluso para la cámara de fotos.

A principios del siglo pasado, esta joya de la naturaleza estuvo a punto de ser destruida por la mano del hombre, pues se proyectó la construcción de una presa. Sin embargo, la hija del propietario de las tierras bañadas por Gulfoss llevó sus protestas hasta el punto de amenazar con suicidarse tirándose por la cascada si el proyecto se llevaba a cabo. Su tenacidad fue efectiva y a día de hoy aún podemos sentir el agua dorada mojando nuestra piel.

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